Latest Comments
No hay comentarios que mostrar.

Tags:

Mientras, Aro, en su huida por la pista de boxes, disparó otro dardo al distraído director de carrera, después lo sacó del flamante Dodge Viper rojo que pilotaba como coche guía y salió hacia la pista, disparado, acelerando casi como un verdadero conductor de Fórmula Uno. Sin perder un minuto, Andrés y Andrea bajaron a toda velocidad a la zona de boxes mezclándose con el gentío y los mecánicos:

0cm

—Una moto, una moto —repetía Andrés.

—¡Mira! —dijo Andrea señalando un precioso Lamborghini Countach color rosa con las lunas negras que acababa de llegar.

Abrieron la puerta del coche y se encontraron dentro… ¡a la famosa cantante Madonna!

0cm

—Sorry, but we need this car and you to drive it. We have to stop that bad man, please, please, help us —suplicó Andrea.

—Ok, boys, this is a great chance to drive this gorgeus car. Here we go!!!!!!!! “¡Como en película verdadero!”

Por fin, el semáforo se puso en verde y la carrera comenzó. Los coches arrancaron en una gran estampida. El coche de Aro se incorporó a la pista entre los estupefactos fórmulas uno. Tras él, sorprendiendo aún más si cabe a los pilotos, el Lamborghini rosa de Madonna. El Dogge de Aro dejaba a su paso un reguero de fórmulas uno haciendo piruetas de auténtico patinaje artístico que después Madonna tenía que esquivar. Ahora a la derecha, ahora la a izquierda, Madonna hacía derrapes de una manera bastante profesional. Uno de los pilotos de fórmula uno decidió que no sería un deportivo de calle quien ganara la carrera. Aceleró y se puso a rueda del Dogge. En una apurada de frenada, lo pasó como una exhalación. De fondo, se escucharon las extasiadas exclamaciones del público que, sin dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo, no paraban de decir: ooohh, y al rato, otra vez, ooohhh.

0cm

—¡Olé! Well done, honey. That’s my boyfriend! “¡Novio mía!” —exclamó Madonna.

Entre tanto, el director de carrera seguía durmiendo.

Aro reaccionó y, aprovechando la densidad de coches en la cabeza de carrera, se colocó al lado del novio de Madonna, impidiéndole adelantar. Ambos circulaban en paralelo y hacían amagos de adelantarse el uno al otro pero sin encontrar espacio para hacerlo. A los pocos segundos, tras ellos, sonó un claxon pidiéndoles paso. Aro y el piloto de fórmula miraron hacia atrás intrigados. ¡Era Madonna que los había alcanzado y con la ventanilla bajada sacaba su brazo saludando a su novio! Ese instante de despiste provocó que Aro saliera disparado hacia la derecha, comiendo hierba. El novio de Madonna salió, por el lado opuesto, hacia la izquierda, directo hacia las gradas y el público. Después de varias piruetas, el coche pilotado por el novio de Madonna golpeó la base de una enorme valla que publicitaba la película ”Who is that girl?” (protagonizada por Madonna), y como resultado del golpe, la enorme imagen de ella cayó sobre su ya atolondrada cabeza.

A pesar de que lo habían sacado de la carretera, Aro no se amilanó. Siguió circulando sobre la hierba hasta buscar una salida a la pista de servicio. Cuando la encontró, utilizó el coche para romper la verja que le separaba de esta. Al observarlo, Madonna, ni corta ni perezosa, frenó en seco, hizo un trompo y se puso a circular ¡en dirección contraria!, abriendo un surco en la manada de fórmulas que se encontraba de frente. Al llegar a la salida que tomó Aro, comió hierba de la misma manera y se fue tras él.

Entre tanto, el director de carrera seguía durmiendo.

Hay que reconocer que los pilotos eran verdaderos profesionales, ya que, a pesar de semejante desbarajuste, no ocurrió ninguna desgracia. Absténganse, por tanto, de hacer esto todos aquellos que no sean pilotos de fórmula uno en un circuito de carreras.

Una vez ya en carretera, los dos coches comenzaron a acelerar. En zig-zags consecutivos, adelantaban al tráfico circundante con el objetivo de tomar la autopista en dirección a Cádiz. Los dos coches pusieron sus máquinas a tope rondando los trescientos kilómetros por hora. Iban tan deprisa que el resto de automóviles que circulaba por la autopista parecían parados en el momento de ser adelantados por Aro y Madonna. Andrés, que iba encogido en los asientos de atrás, dijo:

0cm —A horse is following us.

Que en inglés quiere decir: Nos persigue un caballo.

Madonna, incrédula, sin dejar de masticar su chicle, miró por el espejo retrovisor mientras se bajaba un poco sus gafas de sol.

0cm —Wow! This country is amazing. Anything can happen on the South of Spain.

Y mientras decía esto, el caballo saltó sobre el coche, apoyó sus patas traseras en el techo del Lamborghini y se impulsó, en un nuevo salto, sobre la luna delantera, para proseguir su endiablado trote tras el coche de Aro dejando atrás el de Madonna.

Era el teniente Mac Cain, con su sucia gabardina al viento, a lomos de un caballo ataviado como si fuera a participar en un torneo de justa medieval. Aprovechando la bajada en curva de la carretera, Mac Cain rebasó a Aro y se quedó esperándolo en lo alto de la colina. Su imagen a contraluz de la puesta de sol recordaba a los antiguos caballeros andantes de las novelas de caballerías.

Madonna estaba encantada con él.

0cm —Bad boy, bad boy —repetía.

Mac Cain sacó de forma pausada su rifle recortado de la gabardina, apuntó y disparó, primero, a un cartel de la autopista, después, a una señal de tráfico y, por último, a un pino. Tras los disparos, estas tres cosas se volvieron transparentes. Acto seguido, volvió a disparar su rifle y, delante del coche de Aro, aparecieron el cartel, la señal y el pino. Aro pasó con su Dogge Viper por debajo del cartel rozándolo con el techo; después esquivó la señal con un aparatoso derrapaje; por último, aceleró y el pino apareció cruzado en la carretera justo detrás de él. Pero entonces…

0cm —¡Delante de nosotros! —le advirtió Andrea a Madonna.

Mac Cain volvió a disparar tres sonoros y certeros tiros al cartel, a la señal y al pino que se hallaban delante del coche de Madonna. Las tres cosas volvieron a aparecer de nuevo en sus posiciones de origen. Vía libre para el Lamborghini rosa que, gracias a esto, estaba a punto de alcanzar a Aro. Los dos coches comenzaron a ascender sobre el puente levadizo de la bahía de Cádiz. De pronto y sin ninguna razón aparente, el coche de Aro se pasó al carril izquierdo. El de Madonna se encontró, de repente, con una enorme fila de coches parados en el carril derecho que por poco casi se tragan. Madonna frenó y se paso al carril izquierdo también. Curiosamente no había tráfico en sentido contrario. ¿Sería porque el tramo levadizo del puente Carranza se estaba elevando? Pues sí. Aro enrasó la subida del tramo levadizo, el cual se elevaba cada vez más y más. Aro salió, como un cohete, disparado de la rampa, ya casi en vertical. El coche voló hasta que la fuerza de la gravedad lo reclamó y, como si de un saltador olímpico de trampolín se tratara, el coche, con la bella estampa de la puesta de sol sobre la ciudad de Cádiz tras de sí, dio tres vueltas de campana en el aire antes de caer en perfecta vertical al fondo de la bahía. Madonna, por su parte, frenó el Lamborghini al llegar al final de la rampa y consiguió que el coche se quedara allí arriba, balanceándose en el peligro, desafiando así a la ley gravedad y formando un perfecto ángulo recto con el resto del puente. La cantante se salió rápidamente del coche. Andrea intentó, tirando con todas sus fuerzas de Andrés, que ambos pudieran salir por la otra puerta, pero ya era demasiado tarde, el coche cabeceó hacia el lado abierto del puente y fue, finalmente, a parar también al fondo de la bahía.

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *