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Al tío Jorge, todavía no le había dado tiempo a marcharse cuando Andrés y Andrea ya estaban de vuelta. Nada más entrar por la puerta, le explicaron todo lo sucedido a su tío.

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—¡Bien hecho, Andrea! Estos programitas de la tele aparentemente inofensivos se lo merecen. Veamos, primero Aro y, ahora, esto. La cosa se complica —dijo pensativo el profesor Rego—. Precisamente ayer, mientras le mostraba a Ernesto algunas de las maravillas que se pueden hacer con la conexión a la red que le instalé hace algún tiempo, le expliqué también los motivos por los que tenía que ir al CERN: habían robado, ni más ni menos, que un tramo de los súper imanes. Como yo fui uno de los diseñadores de los sistemas de sincronía, ahora les hago falta para instalar los nuevos. Ernesto comprendía lo que le estaba explicando, pero de eso a que sepa interpretar los planos, va un buen trecho. No entiendo quién puede estar interesado en capturarle. Él no sabe prácticamente nada.

—Tío Jorge, han suspendido las clases, ¿qué te parece si te acompañamos al aeropuerto? Quizá se nos ocurra algo por el camino —propuso Andrés.

Una vez ya en el aeropuerto de Jerez, tras dos horas de espera, el panel informó de que el vuelo del doctor Rego había sido cancelado.

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—¡Sabotaje! —les dijo confidencialmente uno de los cargos del aeropuerto que conocía al profesor Rego—. Alguien ha disparado a todas las ruedas del avión, a todas, con una pistola de dardos.

—Bien, ya que estamos en Jerez, ¿por qué no vamos al circuito de Fórmula Uno? Antón está trabajando en boxes en el Gran Premio. Es posible que no se haya enterado de la desaparición de Ernesto.

—Con esos programas cotorras, lo dudo, pero vayamos para allá. A lo mejor sabe algo que nos pueda ayudar —replicó Andrea.

Y efectivamente así era, Antón ya estaba al tanto de todo. Para añadir más misterio sobre el caso, la noche anterior Antón había quedado con Ernesto para darle el autógrafo de una mujer que, a los ojos de Ernesto, era una diosa: la actriz y cantante Madonna, que estaba de visita en el circuito de Jerez porque salía con un famoso piloto de Fórmula Uno.

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—Tuve que asaltarla prácticamente para conseguirlo. Es el último día de trabajo y no podía permitirme que se me escapara. Ernesto no me lo hubiera perdonado.

—¿Qué piensas hacer ahora, Antón? —preguntó Andrea.

—Pues si quiero irme a Londres a perfeccionar mi inglés, necesitaré más dinero. Me he enterado de que ahora piensan realizar prospecciones en Tarifa para el túnel del estrecho de Gibraltar, con lo que me pasaré por allí a ver si hay algo de trabajo para mí.

—¿Otra vez? A este paso, ese túnel no lo van a hacer nunca —opinó Andrés.

—Al parecer, han hecho un estudio de viabilidad con las nuevas tecnologías de los ochenta. Yo, si hay trabajo, me apunto a lo que sea.

—¡A ver, qué remedio si no! —comentó el profesor Rego.

—Oye, podríais quedaros. Ya que estáis aquí, podéis ver un poco de la carrera. Está a punto de empezar.

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